Es mi 4ta experiencia en la ópera, la última del año 2009.
Empieza como siempre, con una audición en donde el nuevo Regie elige a los que serán los comparsas. Somos 7 hombres y 7 mujeres. En los ensayos en la Sala Arrau, comenzamos a conocer las melodías, cantadas por los nuevos solistas y acompañadas en piano. Siempre en esta etapa, la escenografía está marcada en el suelo con masking tape, solo hay algunos de los accesorios, y de a poco, todo se va completando.

Después de varios días de ensayo, se integra el coro y el silencio es reemplazado por los murmullos de los inquietos cantantes. Esta vez el coro no es mixto, solo hay bajos, barítonos y tenores.

Pasa una semana y comenzamos a ensayar en el escenario, que todavía no está terminado, solo faltan algunas laminas, terminaciones de pintura y ajustes de luces. Un día somos citados una hora antes del ensayo para probarnos el vestuario. A pocos días del ensayo general, que es la primera función con público, hacemos un ensayo con vestuario y maquillaje, que es cuando nos enseñan nuestro camarín.

Comienzan las funciones y todo empieza a repetirse una y otra vez: ... llegar, cambiarse, ser maquillado, entrar al escenario, y hacer lo mismo que la última vez... hasta que termina la función. Saludo, reverencia, ir a camarines, sacar el maquillaje, cambiarse y para la casa.

















